Palacio de La Zarzuela, 3 de octubre de 2017

Buenas noches,

Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida
democrática. Y en estas circunstancias, quiero dirigirme
directamente a todos los españoles. Todos hemos sido testigos
de los hechos que se han ido produciendo en Cataluña, con la
pretensión final de la Generalitat de que sea proclamada
−ilegalmente−la independencia de Cataluña.

Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña,
de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido
incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que
es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones
históricas y su autogobierno.

Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las
normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una
deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado
al que, precisamente, esas autoridades representan en
Cataluña.


Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de
Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la
propia sociedad catalana, llegando ─desgraciadamente─ a
dividirla. Hoy la sociedad catalana está fracturada y enfrentada.

Esas autoridades han menospreciado los afectos y los
sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto
de los españoles; y con su conducta irresponsable incluso
pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de
Cataluña y de toda España.

En definitiva, todo ello ha supuesto la culminación de un
inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas
de Cataluña. Esas autoridades, de una manera clara y rotunda,
se han situado totalmente al margen del derecho y de la
democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la
soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a
decidir democráticamente su vida en común.

Por todo ello y ante esta situación de extrema gravedad, que
requiere el firme compromiso de todos con los intereses
generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del
Estado asegurar el orden constitucional y el normal
funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de
Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la
Constitución y en su Estatuto de Autonomía.

Hoy quiero, además, transmitir varios mensajes a todos los
españoles, particularmente a los catalanes.

A los ciudadanos de Cataluña –a todos− quiero reiterarles que
desde hace décadas vivimos en un Estado democrático que
ofrece las vías constitucionales para que cualquier persona
pueda defender sus ideas dentro del respeto a la ley. Porque,
como todos sabemos, sin ese respeto no hay convivencia
democrática posible en paz y libertad, ni en Cataluña, ni en el
resto de España, ni en ningún lugar del mundo. En la España
constitucional y democrática, saben bien que tienen un espacio
de concordia y de encuentro con todos sus conciudadanos.

Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación
y gran inquietud con la conducta de las autoridades
autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están
solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad
del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro
Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus
derechos.

Y al conjunto de los españoles, que viven con desasosiego y
tristeza estos acontecimientos, les transmito un mensaje de
tranquilidad, de confianza y, también, de esperanza.

Son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos
muy complejos, pero saldremos adelante. Porque creemos en
nuestro país y nos sentimos orgullosos de lo que somos. Porque
nuestros principios democráticos son fuertes, son sólidos. Y lo
son porque están basados en el deseo de millones y millones de
españoles de convivir en paz y en libertad. Así hemos ido
construyendo la España de las últimas décadas. Y así debemos
seguir ese camino, con serenidad y con determinación. En ese
camino, en esa España mejor que todos deseamos, estará
también Cataluña.

Termino ya estas palabras, dirigidas a todo el pueblo español,
para subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona
con la Constitución y con la democracia, mi entrega al
entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso
como Rey con la unidad y la permanencia de España.

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